lunes, 9 de mayo de 2011

LA ANÉCDOTA


Mirado con la distancia que dan los días que ya han pasado desde el Domingo de Ramos, la cosa no pasa de ser algo anecdótico. Pero anda que no nos gusta a los cofrades una anécdota. Como ya todos saben, la Virgen de Gracia y Esperanza pasó por la Campana a golpe de tambor; y ahora que, con tranquilidad, comenzamos a repasar las retransmisiones televisivas de la pasada Semana Santa, es cuando se puede constatar lo mucho que rechina semejante escena.
Alguno ya ha dicho que no es para tanto, que la Campana es una parte más del itinerario de cualquier cofradía y que en muchos otros puntos también los pasos van a tambor y no pasa nada. Estoy de acuerdo sólo a medias con esa opinión. Y es que, efectivamente, no pasa nada por ir a tambor y tan respetable es el público de la Campana como el de cualquier otra calle, y a muchos nos ha ocurrido que, después de estar un buen rato esperando, ha llegado un paso y ha desfilado ante nuestros ojos con rapidez y con el único acompañamiento del tambor.
Pero no creo que el punto de inicio de la carrera oficial sea simplemente una parte más del itinerario. En primer lugar, pienso que aunque no fuera lugar de paso común de todas las cofradías y aunque no hubiera sillas ni cámaras, la Campana sería (y lo podremos comprobar si, como parece que sucederá desgraciadamente, el palquillo se traslada a la Magdalena) un punto destacado para las hermandades que pasaran por ella, al igual que cualquier otra plaza con revirá incluida. Así ocurría antes con la "segunda Campana" de Los Panaderos, y así ocurre con las hermandades que, de vuelta, pasan de nuevo por esta plaza hacia el Duque y que no hacen ese giro a tambor (El Museo, La Bofetá, Las Siete Palabras y el Santo Entierro).
Y sí, hay sillas y cámaras. Estas últimas permiten, por cierto, que los que no pueden estar en las calles de Sevilla en Semana Santa (enfermos, trabajadores, gente de fuera) puedan disfrutar de ella con esforzadas chicotás y bellísimas (las que lo son) marchas. Todas esas personas merecían otra entrada en Campana del palio de San Roque, como también la merecían los propios hermanos de la cofradía. Y todo, al parecer, por una pequeña rabieta tras escuchar un desafortunado e injusto comentario en el palquillo.
Puede que hubiera un cierto retraso; tampoco algo desorbitado como sí ha pasado otras veces. Pero aún así, se puede andar igual de deprisa mientras suena una marcha que con el cacofónico, sobre todo cuando se alarga en el tiempo, redoble de tambor. Mala decisión, por tanto. Pero seguro que el año que viene ni se les pasará por la cabeza repetirlo.

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