lunes, 24 de julio de 2017

BROCHE DE ORO AL FERVOR CARMELITA CON LA HERMANDAD DE CALATRAVA


Ha sido un ciclo intenso, de unos veinte días de devoción sevillana en torno a la advocación del Carmen, ligada a las gentes del mar, lo que en Sevilla se traduce en gentes de un río navegable desde aquí hasta su desembocadura.
Ayer, la Hermandad del Carmen de Calatrava cerró el ciclo con su procesión triunfal por las calles, un broche de oro en el que no faltaron ni las lluvias de pétalos ni los truenos y relámpagos causados por los fuegos artificiales.
Antes de las ocho de la tarde ya estaba el cortejo de la cofradía al completo en la calle. Abría, como siempre, la particular cruz de guía dorada, seguida por niños con hachetas, el simpecado, el libro de reglas y las representaciones de varias hermandades. Así, se pudieron ver los estandartes corporativos de San José Obrero, el Carmen de San Leandro, el Carmen de San Gil, el Carmen del Santo Ángel, el Rosario de San Julián, el Carmen Doloroso, los Javieres, Todos los Santos y la Anunciación de Juan XXIII.
Detrás, venía el estandarte de la propia Hermandad del Carmen de Calatrava, varias parejas de hermanos con cirios blancos y la presidencia inmediatamente antes del cuerpo de acólitos.











Pronto se acercó hasta la puerta el paso de la Virgen del Carmen, que el pasado día 15, en la víspera de su festividad, vivió un año más su tradicional procesión fluvial por el Guadalquivir y el rosario público por las calles más inmediatas a su capilla (ver).
Estrenaba este año la hermandad el dorado de los respiraderos laterales por parte de los Hermanos Caballero, con el que se completa por fin, después de ocho años, este pequeño paso en sintonía con la talla de la Virgen que realizara el gran imaginero del siglo XVIII Cristóbal Ramos. Además, la Virgen y el Niño llevaban nuevos escapularios diseñados y bordados por quien fuera hermano mayor de la hermandad, José Antonio Grande de León.
Lisiantum, nardos y gladiolos componían el exorno floral de este paso que, pese a sus recortadas dimensiones, debe ser bajado por los costaleros para que la ráfaga de orfebrería de la Virgen pueda salvar el dintel. Superada la dificultad, la Banda de Música María Santísima de la Victoria, de Las Cigarreras, interpretó el Himno de España.
Posteriormente, el paso se encaminó hacia la Alameda de Hércules a los sones de “Carmen de Calatrava”, marcha enlazada con “Coronación de la Macarena”, con la que la Virgen del Carmen llegó hasta el inicio de la Alameda.





















Tras una chicotá a tambor que fue breve, dado que el capataz, Antonio Santiago, se vio obligado a parar el paso por no poder avanzar, la Virgen del Carmen salió al intenso sol con el que empezaba a despedirse la tarde con la marcha “María Santísima de la O”, que fue la banda sonora de la revirá que llevó a la imagen hasta la calle Lumbreras, por donde más adelante se iba a escuchar “Cádiz cofrade”.
De nuevo la hermandad quiso visitar primero el Monasterio de San Clemente antes de pasar por la esperada calle Arte de la Seda, al contrario de lo que ha hecho otros años. Por ello, desde Lumbreras la Virgen del Carmen giró a la derecha a la calle Santa Clara, momento para el que la Banda de Las Cigarreras escogió la marcha “Reina de Todos los Santos”.
Posteriormente, avanzando con decisión hacia la puerta de acceso al atrio del monasterio, que se remata por un antiguo azulejo de San Fernando, quien reconquistó la ciudad precisamente el día de San Clemente de 1248 (de ahí la devoción a San Clemente en Sevilla), la Virgen del Carmen alcanzó el atrio con “Virgen de los Negritos”.





































Una vez dentro, el paso buscó el templo del monasterio a los sones de “Al cielo con Ella”, y entró en él para dirigirse hasta el presbiterio, donde se encontraban las religiosas cistercienses, que cantaron e interpretaron musicalmente el Ave María, y después una hermana leyó una oración a la Virgen del Carmen, a la que por fin tenían cerca después de verla el pasado día 15 en la lejanía acercarse hasta el río para su procesión fluvial.
La hermandad correspondió al cariño de las hermanas regalándoles un ramo de flores que desde la salida había ido en el paso detrás del manto blanco de tisú bordado en oro que la Virgen del Carmen utiliza siempre en sus salidas procesionales.
A continuación, el paso procedió a salir del templo, momento en que la Banda de Las Cigarreras comenzó a interpretar “Amor y Socorro”. Después, salió de nuevo a la calle Santa Clara a los sones de “Virgen del Dulce Nombre”.












































Ahora sí, llegaba el momento de discurrir por Arte de la Seda, aunque antes se despidió del acompañamiento a la Virgen del Carmen la Hermandad de San José Obrero, a la que Antonio Santiago le dedicó una levantá. Seguidamente, el paso se introdujo en Arte de la Seda con la marcha “Esperanza Macarena” y pasó junto un altar presidido por una pequeña Virgen vestida con los colores propios del Carmelo, marrón y blanco.
Banderas con esos mismos colores adornaban esta calle en forma de L. Antes de llegar precisamente al vértice de este ángulo recto, el paso se detuvo para continuar después y realizar el giro a los sones de “Hiniesta Coronada”. Había expectación entre las personas que llenaban esta calle, normalmente tranquila, porque sabían que estaba a punto de caer una gran petalada sobre la Virgen del Carmen.
Y así fue, tras completar el giro, desde la azotea del edificio de la esquina cayeron numerosos pétalos de buganvillas, aunque los encargados de lanzarlos escogieron para ello el momento más bajo de la composición musical. El dorado del paso y el blanco de las flores se tiñeron con el magenta de las buganvillas, que apagaron además algunos de los guardabrisas.
“Por una mujer que está aquí y es muy devota de la Virgen”, dijo Antonio Santiago instantes antes de realizar la levantá del paso para que continuara hacia Lumbreras, a la que salió de nuevo ahora a los sones de “Aurora, Reina de la mañana”.
















“La Virgen de los Desamparados” fue la marcha escogida para acompañar musicalmente a la Virgen del Carmen en el giro de Lumbreras a Santa Clara, ahora en dirección contraria al Monasterio de San Clemente. Más adelante sonaría “Pasa la Virgen Macarena”, con la que el paso discurrió por el cruce con la calle Hombre de Piedra, en cuya esquina se despidió la Hermandad del Carmen del Santo Ángel. Y otras tres hermandades (Javieres, Carmen Doloroso y Carmen de San Gil) se despidieron poco después, ante la puerta de la residencia de María Reparadora, ante la que la Virgen del Carmen se volvió mientras la banda tocaba “La Asunción de Cantillana”.
Mirando hacia las religiosas y ancianos del convento, la Virgen recibió de éstos el canto de la Salve y algún viva. Como había ocurrido antes en San Clemente, la hermandad regaló a las religiosas un ramo de flores antes de marcharse con la marcha “¿Quién te vio y no te recuerda? Saeta jerezana”.
Poco después, en la confluencia de las calles Santa Clara y Santa Ana, otra hermandad abandonó el acompañamiento a la Virgen del Carmen de Calatrava, en este caso la de San Leandro. “El Corpus” fue la marcha con la que el paso giró a la calle Santa Ana y llegó a la puerta del convento del mismo nombre, donde se despidieron las hermandades del Rosario de San Julián y la Anunciación de Juan XXIII.
Vuelto a la puerta del convento carmelita, el paso se detuvo antes de afrontar la entrada en el templo del cenobio para dirigirse a los pies de éste, con la Virgen mirando hacia la clausura donde se encontraban las religiosas, quienes cantaron la Salve y otra composición, y recibieron también de la hermandad un ramo de flores.




































Antes de marcharse de Santa Ana, Antonio Santiago mando a los costaleros acercarse aún más a la clausura. Después, el paso se dirigió a la puerta y salió a la calle, momento en que la Banda de Las Cigarreras interpretó “Pasan los campanilleros”. Con ella, la Virgen del Carmen avanzó hasta quedar detenida junto al Palacio del Infantado.
Desde uno de los balcones de este característico inmueble, Ángel Díaz le cantó a la Virgen del Carmen una sevillana acompañado por una guitarra. Fue una declaración de amor la del cantaor, que finalizaba cada parte de la sevillana afirmando: “nací para quererte”. Todos los presentes reconocieron con palmas el emotivo cante, que sólo fue el inicio del momento más esperado de la procesión, cuando, avanzando ya el paso a los sones de “Macarena”, de Abel Moreno, la Virgen del Carmen recibió una enorme petalada desde lo más alto de los edificios de esta parte de la calle, mientras el cielo era iluminado por una serie de fuegos artificiales. Pétalos y cohetes, flores y luces de colores para la pequeña imagen, que continuó hacia Jesús del Gran Poder con la marcha “Rosario”.
Quedaba únicamente una línea recta hasta la capilla, recorriendo la Virgen del Carmen los últimos tramos de la calle que lleva el nombre del Señor de Sevilla. En esta recta, sonaron las marchas “Al cielo de San Pablo”, “Virgen de la Estrella”, “Galeona” y “Aurora, Virgen del alba”.
































Con esa última composición el paso salió a la pequeña placita que se abre ante la capilla, donde una mujer pidió a Antonio Santiago una dedicatoria muy especial de levantá. El capataz se la comunicó a unos de sus auxiliares y éste les dijo a los costaleros: “Por los enfermos mentales, para que la Virgen les dé salud a ellos y a sus familias”. A continuación, el paso avanzó hacia la capilla con la marcha “María Santísima de Guadalupe” hasta quedar colocado ante la puerta.
La última levantá antes de entrar la hicieron los costaleros a pulso; una levantá que Antonio Santiago dedicó, según dijo: “a las madres que os parieron a ustedes”. Durante la lenta levantá, varios hermanos se ocuparon de plegar los zancos del paso para que los costaleros pudieran agacharse en el momento de la entrada en la capilla.
Antes de entrar, la Banda de Las Cigarreras tocó la Salve Marinera y luego, ya en silencio, el paso procedió a entrar, rubricando la banda su participación en la salida procesional con el Himno de España mientras repicaba la campana de la espadaña del pequeño templo.











Una vez en el interior de la capilla, el paso fue conducido hasta el presbiterio y, cuando se detuvo en su ubicación definitiva, los hermanos cantaron la Salve y se escucharon tres vivas: “¡Viva la Virgen del Carmen!”, “¡Viva la Reina de Calatrava!” y “¡Viva la Madre de Dios!”.
Se cerraba así, un año más, la intensa manifestación del fervor carmelita de la ciudad de Sevilla, reflejada en sus diferentes imágenes advocadas como Virgen del Carmen, que no son precisamente pocas.