sábado, 22 de abril de 2017

MARTES SANTO 2017: TEOLOGÍA INFANTIL A MÁS DE TREINTA GRADOS

"Es que cuando murió hubo como un terremoto". Pura teología. Por la avenida de Ramón y Cajal, un niño explicaba a otro el misterio de la Hermandad del Cerro del Águila. El Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono acaba de expirar, el cielo se cubre de tinieblas, se rasga el velo del templo y el centurión enviado por Pilatos para controlar el cumplimiento de la sentencia, identificado como Quinto Cornelio, se da cuenta de la verdadera divinidad de Jesús mientras sus compañeros, sorprendidos por su señal de respeto, lo señalan y comentan su actitud.
Todo ello, en teología infantil, significa que "cuando murió hubo como un terremoto". No cabe duda de que las hermandades siguen cumpliendo en pleno siglo XXI con la función que desde un primer momento tuvieron llegada la Semana Santa: la evangelización de la gente, la enseñanza de los diferentes pasajes de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Y es de agradecer que una hermandad relativamente reciente, puesto que viene realizando estación de penitencia desde hace poco más de un cuarto de siglo, escogiera para acompañar al crucificado de Ocampo que consiguieron como titular un pasaje tan poco representado, pero que encierra un gran mensaje: el descubrimiento, aunque sea tarde, de la verdadera naturaleza de Dios Hijo. No es poco mensaje.
Una auténtica estación de penitencia es la que hicieron los nazarenos del Cerro este Martes Santo. Sobre todo por la inacabable recta que suponen la Avenida de Hytasa, Ramón y Cajal, Enramadilla, Carlos V y San Fernando, hasta encontrar la ansiada sombra por San Gregorio. Y todo ello, con un antifaz de terciopelo pegado a la cara y con los termómetros marcando treinta e incluso más grados centígrados. Hay que subrayar la labor que año tras año realiza el Ayuntamiento a través de Emasesa, de la que es Patrona la Virgen de las Aguas del Museo, repartiendo vasos de agua fresca entre los nazarenos y el público en diferentes puntos de los itinerarios de las cofradías más alejadas, como ocurrió con el Cerro en Ramón y Cajal.
El primer paso de la hermandad, el del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono, que en unos años será el segundo cuando se incorpore el Nazareno de la Humildad, venía este año adornado con un monte de claveles de un color rojo oscuro. El capataz, Francisco Reguera, mandó pararlo a la altura de la calle Araquil, donde salió a recibir a la cofradía más tempranera del Martes Santo una representación de la Hermandad del Juncal. Lo mismo ocurriría más tarde, en la confluencia con la Avenida de Ciudad Jardín, con la Hermandad de la Milagrosa. Ambas realizaron sendas ofrendas florales y recibieron dedicatorias en la levantá.
A un ritmo bastante rápido, el paso de misterio, acompañado por la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Sol, continuó en línea recta buscando el ansiado centro histórico de la ciudad.


































Dijo Carlos Herrera en su recordado pregón de 2001 que “quien no haya llorado viendo el Cerro, que lo haga”. Es difícil no emocionarse, aunque sea mínimamente, viendo la devoción de los vecinos con sus imágenes, y especialmente con la Virgen de los Dolores, ante la que no cesan los piropos y los vivas. Es la Reina de todo un barrio que un día demostró que no estaba tan lejos y que el fervor cofradiero no le resultaba ajeno.  Ese día, la Hermandad del Cerro empezó a convertirse en lo que es hoy, todo un referente no sólo para las hermandades más recientes, sino incluso en muchas cosas para cofradías que existían antes que el propio barrio.
La Banda de las Nieves de Olivares tocó “Al cielo con Ella”, otra marcha que se ha escuchado más que otros años, desde la parada ante la representación del Juncal y hasta la de la Milagrosa. Y en este punto, más teología. Una señora explica a un niño señalando a la Virgen: “Está llorando; ¿tú sabes por qué? Porque los judíos lo pusieron en la cruz…”. El niño la interrumpe: “Los judíos no, los romanos”. Y la mujer se corrige: “Los judíos y los romanos”. El niño, desde su inocencia, contraataca con una pregunta: “¿Y nosotros no estábamos?”. La lógica infantil. Si nosotros no somos ni judíos ni romanos, ¿dónde estábamos para evitar la muerte de Jesús? Pero el niño encuentra pronto algo que le llama más la atención: “¡Mira, un globo!”, dice, y la señora se ahorra tener que explicarle que esos judíos y esos romanos éramos nosotros mismos…
El paso de palio, a las órdenes de Juan Antonio Guillén, se levanta por la Hermandad de la Milagrosa y se marcha a los sones de “Macarena”, de Abel Moreno, mientras una mujer dice bajito, como la saeta del Polígono del día anterior, “Viva la Madre de Dios”.
Más adelante, la banda comienza a tocar “Dolores de Torreblanca”, aunque interrumpe la marcha cuando el paso se detiene para que un miembro de la hermandad se suba para asegurar el cierre de uno de los faroles de la trasera del paso. Después, la banda insiste con la marcha. Ya a la altura de la Facultad de Empresariales, el hermano mayor y varios miembros de la Hermandad de Santa Cruz, hermanada con la del Cerro, contemplan a la Virgen de los Dolores y el capataz les dedica la levantá: “Hace unos años descubrimos esa casa y aquello fue inolvidable. ¡Arriba las águilas!”, dice en alusión a las que rematan los varales. Con “Mi Palma Coronada”, la Virgen de los Dolores continúa su largo camino.


























Por la calle San Fernando, donde a las cuatro y veinticinco debía ponerse en camino la Hermandad de los Estudiantes, el Cerro pasaba con rapidez para dejarle el camino libre. La Virgen de los Dolores, ante el Rectorado, pasó a los sones precisamente de “Virgen de los Estudiantes”.
Puntual con lo anunciado, la cruz de guía de la cofradía universitaria salió del edificio de la antigua Fábrica de Tabacos, donde se habían trasladado los pasos la tarde del lunes desde la capilla, seguida de nazarenos negros con cirios color tiniebla. A esa hora, el calor era verdaderamente sofocante, dejando frente a la fachada del Rectorado varios huecos libres y con la gente tratando de protegerse tras los árboles e incluso junto a la artística reja que rodea el recinto.
No tarda demasiado en salir el Santísimo Cristo de la Buena Muerte, cuya subida al paso tuvimos ocasión de vivir la noche del Lunes de Pasión. Con un monte de lirios morados de un tono muy vivo, el crucificado dormido más que muerto de Juan de Mesa salió a la intensa luminosidad de la tarde, con el sol jugando con los diferentes volúmenes de la musculatura que de modo magistral supo tallar el imaginero cordobés para admiración de las generaciones que estaban por llegar.
En silencio y a las órdenes de Antonio Santiago, el Cristo de la Buena Muerte salió a la calle San Fernando seguido de una enorme cantidad de penitentes con cruces. Momento grande de cada Martes Santo el de la contemplación del Cristo universitario sobre ese sencillo paso de líneas severas que algunos quisieran cambiar; no así la hermandad, que lo restauró hace pocos años.

















Aproximadamente pasó media hora entre la salida del Cristo de la Buena Muerte y la del paso de palio de María Santísima de la Angustia, que se encontraba exornada con rosas blancas, además de azahar en las jarritas delanteras.
Tras salir del Rectorado con el Himno Nacional, la Banda de Música Nuestra Señora del Águila, de Alcalá de Guadaíra, comenzó a interpretar "Virgen de los Estudiantes", la composición que poco antes se podía escuchar tras el palio de la Virgen de los Dolores del Cerro.
La Virgen de la Angustia salió a San Fernando sin detenerse y empezó a ganar metros en dirección a la Puerta de Jerez en el inicio de una estación de penitencia que el año pasado tuvo que ser suspendida por la lluvia.




















Si el año pasado la Hermandad de San Esteban realizó un cambio importante en su itinerario de ida para conmemorar el XC aniversario de la corporación, pasando, como en su primera estación de penitencia, por San Ildefonso, San Leandro y San Pedro, en este 2017 ha tomado un recorrido que mezclaba el de 2016 con el que hasta 2015 era el habitual.
Así, ha discurrido por la calle Águilas al completo para llegar a la Alfalfa, y posteriormente ha salido a San Pedro por Odreros, Boteros y Sales y Ferré. De esta forma, para posteriormente acceder a la calle Orfila no venía como en años anteriores por Cuna, sino como el año pasado, por Laraña. Se trata, por tanto, de una revirá que aspira a convertirse en un clásico en la cofradía de San Esteban, que en su paso de misterio ha estrenado la vestimenta de las figuras secundarias, confeccionadas por David Calleja.
Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje, vestido con clámide lisa, sufría las burlas de los sayones y un soldado romano tras ser coronado de espinas y no podía evitar que brotaran las lágrimas en su rostro al ser humillado y ultrajado después de haber sufrido el martirio salvaje de la flagelación.
Lentamente, el paso de misterio giró hacia Orfila de camino a la Capilla de San Andrés, siendo allí recibido por la Hermandad de los Panaderos. La Agrupación Musical de la Redención, ya asentada cada Martes Santo detrás del Señor al que los viajeros que salían de Sevilla por la Puerta Carmona pedían salud y buen viaje, interpretó un clásico, "Alma de Dios", para que el misterio continuara hacia Javier Lasso de la Vega.



































Más atrás llegaba el paso de palio de María Santísima Madre de los Desamparados, que estrenaba el bordado de los faldones laterales, labor llevada a cabo por el taller de bordados de la hermandad, el mismo del que salió el manto procesional en 2014. Además, la Virgen vestía la saya de Padilla, de 1963, recientemente restaurada por José Antonio Grande de León, quien ha pasado los bordados a terciopelo burdeos.
Si el misterio iba exornado con rosas rojas, el palio de la Virgen de los Desamparados contaba con claveles blancos en jarras y jarritas, y gladiolos en las esquinas. A los sones de la marcha “Virgen del Valle” al pasar por delante de la Iglesia de la Anunciación, el paso de palio, al que acompañaba la Banda de Música María Santísima de la Victoria, de Las Cigarreras, completó su discurrir por Laraña y después entró en Orfila con la marcha “Esperanza Macarena”, a la que después siguió otra marcha macarena, “Como tú ninguna”, que afortunadamente no fue interrumpida cuando el palio se detuvo ante la Hermandad de los Panaderos.
Esta última composición se encadenó, con el paso ya andando, con “Virgen de las Aguas”, con la que la Virgen de los Desamparados se plantó en Javier Lasso de la Vega. 































Pasaba por Orfila el paso de palio de San Esteban y al fondo de Laraña, allá por Imagen, ya se veía la cruz de guía de la Hermandad de San Benito, que el año pasado tuvo que darse la vuelta cuando aún el palio de la Encarnación no había salido de su templo. Estaban dispuestos a contemplar la escena varios hermanos mayores del Lunes Santo, reunidos en un balcón en plena esquina.
Los nazarenos de capirote de terciopelo morado y túnica y capa blancas ganaban metros lentamente en su camino hacia la carrera oficial, por la que antes debía pasar la Hermandad de los Estudiantes.
Cuando apareció el paso de misterio de la Presentación al Pueblo, pudimos contemplar que la hermandad ha repetido con acierto el exorno floral que sorprendió en 2014 y que también se vio en la calle durante el poco tiempo que duró su salida el año pasado. Rosas rojas, lirios y jacintos morados, calas blancas…; una combinación de mucho gusto para este conjunto escultórico de Castillo Lastrucci en el que Pilatos nos presenta, “ecce homo”, a quien tan bien conocemos, mientras su mujer, Claudia Prócula, trata de impedir su muerte. Ésta sería la escena inmediatamente posterior a la del misterio de San Esteban que acabábamos de ver.
La Agrupación Musical de la Encarnación se resarcía tras la estación de penitencia frustrada de 2016 y hacía sonar con fuerza una marcha tras otra por esta zona del itinerario, en la que, además, observamos los nuevos faldones de terciopelo morado que venía estrenando.






















El paso del Santísimo Cristo de la Sangre, por su parte, estaba adornado con un clásico monte de claveles rojos y, tras él, la banda de cornetas y tambores propia estrenaba su nuevo banderín.
El giro a Orfila de este paso fue un gran momento para saborear, con los lentos movimientos del crucificado de Francisco Buiza a los sones de la que se ha convertido en una de las marchas más aplaudidas del repertorio de la Banda del Cristo de la Sangre, como es “El Dios del Perdón”. Tan medida tiene la cuadrilla de costaleros esta marcha, que tras el solo el paso rompió de frente con elegancia provocando el aplauso de todos los presentes. Un paso como éste demuestra que no hacen falta trabajadas y milimetradas coreografías para emocionar con su forma de andar al compás de la música.





















Si la Virgen de los Desamparados pasó por la Anunciación a los sones de “Virgen del Valle”, la de la Encarnación lo hizo con “Valle de Sevilla”, interpretada por la Banda Municipal de Música de La Puebla del Río.
Rosas blancas adornaban este completísimo paso de palio que giró a Orfila con la marcha “Candelaria”, como guiño a la cofradía de San Nicolás cuya cruz de guía estaba ya en el principio de Cuna para situarse detrás de San Benito camino de la carrera oficial.
Tras su parada ante la Capilla de San Andrés, el palio de la Virgen de la Encarnación se levantó y buscó Javier Lasso de la Vega mientras la banda de La Puebla del Río interpretaba “Palomita de Triana”, marcha que en su propio título alude a los orígenes trianeros de la Hermandad de San Benito y al cariñoso sobrenombre con el que esta antigua dolorosa era conocida.


















Efectivamente, detrás de San Benito venía, desde Cuna, la Hermandad de la Candelaria, con sus blancos nazarenos que el año pasado pudieron realizar su estación de penitencia, aunque con un itinerario muy distinto ante la ausencia de la mayoría de las hermandades del día. En su camino de ida tomó por Tetuán y Velázquez tras cruzar la carrera oficial por la calle Granada, y la vuelta la hizo por la Alfalfa.
En este 2017, sin embargo, todo volvió a la normalidad de un itinerario largo con un horario de regreso tardío, consecuencia de un Consejo de Cofradías que, pese a estrenar junta superior el pasado verano, decidió para su primera Semana Santa dejar las cosas como estaban en lugar de afrontar los cambios que se demandan.
El Señor de la Salud cruzó sin detenerse de Cuna a Orfila con su paso adornado con claveles de color fucsia en el monte y rosas en el centro de cada costero. El Nazareno atribuido a Ocampo no se detuvo hasta entrar en Orfila, donde se produjo un relevo de costaleros, tras el que el capataz, Juan María Gallardo, quiso que la levantá se hiciera "por toda la gente de la calle Orfila que está aquí viéndole la cara al Señor". "Que no les falte la Salud", añadió.
A continuación, el paso siguió hasta la Capilla de San Andrés, de la que después se alejó con la interpretación de la marcha "A ésta es" por parte de la Banda de Cornetas y Tambores de las Tres Caídas de Triana.















Ya era de noche, la sensación de calor bajaba y el paso de palio de María Santísima de la Candelaria se detenía nada más dejar atrás la calle Cuna y antes de cruzar hacia Orfila para un relevo de costaleros. A continuación, la dolorosa de Manuel Galiano, hermana por ello de la Virgen de los Desamparados, se levantó para continuar su camino.
Calas y rosas blancas en las jarras, y jacintos del mismo color en las esquinas componían el aromático exorno floral de este paso de palio que llegó hasta la representación de la Hermandad de los Panaderos a los sones de la marcha "Virgen de la Paz", aunque la Banda de Música de la Cruz Roja interrumpió la composición cuando la Candelaria se detuvo.
Seguidamente, el palio se levantó y continuó hacia Javier Lasso de la Vega con la marcha "Hosanna in excelsis", realizando con rapidez el giro desde Orfila, lo que provocó algún que otro lamento entre el público que veía a la Candelaria pasar por este punto.





















Cumplida su estación de penitencia, regresaba a la Parroquia de Omnium Sanctorum ya por la calle Feria la Hermandad de los Javieres, cofradía de negro en un barrio alegre. El paso del Santísimo Cristo de las Almas ha llevado este año como exorno floral un monte de lirios morados, lo que en los últimos años se ha hecho más habitual de lo acostumbrado en otros tiempos, en los que la norma eran los claveles rojos.
Ante la puerta ojival de San Juan de la Palma, una representación de la Hermandad de la Amargura recibió a los Javieres, por lo que el paso, comandado por Rafael Díaz Talaverón y sus auxiliares, capataces de toda la cofradía, se detuvo delante de ella.
A continuación, siguió por Feria, donde la parte superior de la cruz del Cristo pareció que iba a dar con un cable, por lo que el capataz mandó parar a los costaleros, aunque enseguida se comprobó que no era necesario ni siquiera echar el cuerpo a tierra, por lo que, superada una dificultad que no fue tal, el paso pudo seguir su camino.
Más adelante, tras la zona más estrecha de Feria, el Cristo de las Almas alcanzó la Capilla de Monte-Sión y se detuvo sin volverse ante la puerta. Una joven desde un balcón situado enfrente aprovechó para interpretar una saeta.




















Detrás venía el paso de palio de la Virgen de Gracia y Amparo, acompañada por segundo año por la talla de San Juan Evangelista atribuida a José Montes de Oca que recibe culto en la capilla de la hermandad. Por segundo año, aunque casi habría que decir que por primera vez, dado que el año pasado la lluvia obligó a un regreso precipitado cuando el palio aún se encontraba en la calle Feria poco después de haber salido.
Así, este 2017 ha sido el primer año en que la dolorosa de Fernández Andes ha realizado la estación de penitencia junto al Discípulo Amado, aunque viendo el paso parece que lo hubiera hecho toda la vida. Gran acierto el de la hermandad al aprobar el año pasado su incorporación.
Después de parar en San Juan de la Palma, la Virgen de Gracia y Amparo, con el acompañamiento musical de la Banda de Música Julián Cerdán, de Sanlúcar de Barrameda, se alejó a los sones, como no podía ser de otra manera, de la marcha “Amarguras”. Después, llegó hasta la Capilla de Monte-Sión con “Jesús de las Penas”. En este caso, el palio sí se volvió ante la capilla, aunque no del todo.
Desde el balcón, la misma saetera que antes le cantó ahora a la dolorosa de Gracia y Amparo, que luego se marchó a los sones de “La Madrugá”. Hay que destacar el exorno floral de su paso de palio, con grandes rosas de color blanco.






















La carrera oficial se despedía de la última hermandad en pasar por ella, la de Santa Cruz, que en 2016 se quedó sin salir por un exceso de prudencia cuando tanto la Candelaria como la Bofetá pudieron realizar sus estaciones de penitencia.
Santa Cruz ha coincidido este año al completo en el adorno floral de sus pasos con los Javieres: lirios morados para el Cristo de las Misericordias y la Virgen de la Antigua, y rosas blancas para la Virgen de los Dolores.
El paso del crucificado que mira al cielo no porque esté expirando, como muchos creen erróneamente, sino porque, como su propia advocación indica, está pidiendo al Padre que perdone a sus verdugos porque “no saben lo que hacen”, se presentaba este año recientemente restaurado por Enrique Castellanos, quien también ha actuado sobre las tallas de los apóstoles que rodean el canasto y sobre las tablas pintadas que lo decoran con escenas de la Pasión y que tanto caracterizan a este interesante paso procesional.
Con música de capilla y bajo las órdenes de Fernando Fernández Goncer, el Cristo de las Misericordias pasó de la Plaza de la Virgen de los Reyes a la del Triunfo de camino a la antigua Alcazaba y a la Plaza de la Alianza, donde durante todo el año se encuentra el propio crucificado de Pedro Roldán en un retablo cerámico.
















Poco después salía de la Catedral el paso de palio de Nuestra Señora de los Dolores. Cuando estaba llegando a la Plaza del Triunfo, los potentes focos que iluminan la Giralda se apagaron, señal inequívoca de que, al menos en el primer templo de la Archidiócesis, el Martes Santo de 2017 ya había concluido.
La Banda de Música del Maestro Tejera volvió a acompañar con sus sones a este paso de palio de dimensiones más reducidas de lo habitual para adaptarse a la puerta de la Parroquia de Santa Cruz. Por la Plaza del Triunfo sonó tras él “Valle de Sevilla”, composición con la que la dolorosa de Antonio Eslava se metió en Joaquín Romero Murube.











El Martes Santo de este cronista termina con la Hermandad de la Bofetá, cuyo paso de misterio parece de otro tiempo, con el Señor ante Anás mirando hacia atrás, según la obra del gran creador de escenas que fue Antonio Castillo Lastrucci. Éste fue, además, su primer misterio, en el que Jesús es abofeteado por Malco en presencia de Anás, su yerno Caifás y el bueno de José de Arimatea, que tiene claro que no hay culpa alguna en Él. "Si he hablado mal, dime en qué; y si no, ¿por qué me pegas?", dice el Señor.
Claveles rojos han exornado este paso que se mueve siempre de frente, sin concesiones ni coreografías, pero que anda estupendamente bien, con el acompañamiento musical de la Banda de Cornetas y Tambores de Las Cigarreras. En esta ocasión, la imagen de Jesús ante Anás vestía la túnica de terciopelo burdeos bordada en oro.
En cuanto al paso, ha estrenado la restauración del dorado de los candelabros y del trono de Anás, a cargo de Enrique Castellanos, y la restauración, por parte de Carmen Bahima, de Caifás y del falso acusador que, con una cara de maldad que no puede con ella, se encuentra agachado a la izquierda del Señor.
Con la marcha “Sagrada Eucaristía”, el misterio de la Bofetá se fue por Trajano, dado que, al igual que el año pasado, no ha seguido su itinerario habitual de vuelta por Aponte y Jesús del Gran Poder.























Por su parte, la que se ganó el apodo cariñoso de “la gracia de Sevilla bajo palio”, la guapísima Virgen del Dulce Nombre, dejaba atrás la Campana con ecos del Lunes Santo, la marcha “Virgen de las Aguas”, a cargo de la Banda de Música de la Oliva de Salteras.
San Juan Evangelista, imagen regalada por Castillo Lastrucci a la hermandad en agradecimiento a la confianza depositada en él para hacer su primer misterio y su primera dolorosa, trataba de consolar a la Virgen. Ya pudimos comprobarlo el año pasado, pero es inevitable volver a mencionar el esplendor recuperado por ambas imágenes gracias a la restauración llevada a cabo por Carmen Bahima, especialmente en el que caso de la dolorosa, que llegó a presentar un exagerado oscurecimiento de la policromía.
Con sus clásicos claveles rosas como exorno, el paso de palio de la Virgen del Dulce Nombre pasó por la Plaza del Duque a los sones de “Macarena”, de Emilio Cebrián, y después recorrió Trajano con “La Madrugá” y “María Santísima de la O”.























La entrada del paso de misterio de la Bofetá en la Parroquia de San Lorenzo suele despertar bastante expectación. Este año, una de las últimas marchas que la Banda de Las Cigarreras tocó para este paso fue precisamente “Mirada de Dulce Nombre”.
Después, el paso de palio discurrió por Conde de Barajas con “Macarena”, de Abel Moreno, y alcanzó la Plaza de San Lorenzo con “Nuestro Padre Jesús”. Antes de entrar, la Banda de la Oliva dio un recital con “Coronación de la Macarena”, “Procesión de Semana Santa en Sevilla” y “Virgen de la Paz”, ésta mientras el paso realizaba el acostumbrado giro de ciento ochenta grados ante la puerta del templo.
A continuación, se pudo escuchar el final de la marcha “El Dulce Nombre” antes de que el paso de palio, comandado por los Hermanos Gallego, como también el misterio, entrara en su templo a las 3,58 minutos del ya Miércoles Santo.





La teología de la Pasión en la Jerusalén sevillana cerraba un nuevo capítulo en una Semana Santa que aún nos iba a hacer sudar la gota gorda un poco más. La siguiente parada estaba en el barrio de Nervión. Pero este cronista, incluso él, tenía que descansar un poco antes de continuar.